Los zancos

latas como zancos

Bueno. No sé si llamarlo así. Zancos, zancos… no eran. Pero tampoco eran alzas.

Eran unas latas que los críos se ataban al calzado para caminar más elevado. A guisa de zancos. La altura dependía de tamaño de la lata de melocotones o de pimientos o de lo que fuera.

zancosSi era una lata de algún producto de un taller mecánico o de tamaño industrial, podías ganar fácilmente unos treinta centímetros o así.

Y caminar, correr, perseguirse o incluso jugar a pelota con eso era divertidísimo.

Se podían llevar los extremos del cordel en las manos, para tensarlos a la hora de caminar, lo que suponía un reto de coordinación que te hacía caminar lento. O bien podías atar los cordeles o cuerdas o cintas fuertemente al calzado, lo que te permitía desplazarte más rápido.

A los padres de ahora se les pondrían los pelos de punta si vieran a sus hijos trastear con latas de conservas con tapas de latón y con punzones y piedras para golpearlos y hacer los agujeros necesarios para pasar los cordeles.

Entonces se hacían esas cosas (y otras de peores). ¿Qué podía pasar? ¿algún corte? ¿algún dedo machacado?

Bah, mariconadas.

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¿Qué recuerdas?
¿Los usaste alguna vez?
¿Mantenías los cordeles en las manos o te los atabas al calzado?
¿Recuerdas las caídas al correr? ¡jo, de antología!

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