Las pulgas mágicas

La primera vez que las veías eran flipantes. Llegaba un amigo con una cajita como de cerillas, la abría y dejaba caer un par de cápsulas en la palma de la mano y…

…¡se movían solas!

Se desplazaban por la mano como a trompicones, manteniéndose erguidas para dejarse caer rodando y volver a mantenerse erguidas.

¡Eran las pulgas mágicas!

caja de pulgas mágicas

caja de pulgas mágicas

Luego cogías una de esas cápsulas barnizadas como de medicamento y la abrías, y sacabas de dentro una bolita metálica y… nada más.

La bolita se movía de extremo a extremo (no había otro movimiento posible por el tamaño de la bolita que coincidía con el de la cápsula) y eso provocaba que se mantuviera erguida y que cuando movías la palma de la mano creando una pendiente, la bolita se movía por efecto de la fuerza de gravedad, frenando la cápsula al llegar a un extremo y haciéndola girar para poder seguir bajando.

Una vez comprobado el simple mecanismo… dejaban de flipar.

Pero por suerte todavía tenías el chicle.

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