Las colecciones de cromos

álbum de cromos

Todo un clásico infantil: las colecciones de cromos.

No había sensación comparable a la de ir al cole con tu paquete de cromos repetidos (repes, para hablar con propiedad) sujetos con una goma elástica. Y a la hora del recreo (o en plena clase, que de todo había) ir pasándolos uno a uno frente al compañero que iba diciendo a la par: tengui, tengui, tengui, tengui…¡falti!

Pues, hala, a dejarlo aparte y a seguir. Y luego era el otro el que pasaba y el primero el que repetía la cantinela.

¡La de situaciones que se podían dar en aquél momento! ¡Me río de las clases de economía doméstica! ¡Aquello sí que era duro! ¡Negociar, pero con mayúsculas!

Pues sí… rara vez las cosas estaban a la par y las leyes de mercado entraban en funcionamiento. Que si este es muy raro y quiero cinco cromos por él. Que si es el único que me falta y te lo cambio por veinte, porfa, porfa. Que si es el único y acabas ya me podrías dar por treinta que me falten o cincuenta que ya tenga. Que si ya la he acabado y le doy todo este montón de cromos al que escriba por mí las cien veces de «No hablaré más en clase» que me ha impuesto la seño como castigo…

Y a veces el patio del recreo era un mundo demasiado pequeño (o demasiado duro, ya que nos conocíamos muy bien) y abrías tu mundo comercial a los mercadillos dominicales. Allí se daban cita montones de críos ansiosos por completar sus colecciones. Algunos más pequeños operaban bajo la atenta mirada de los padres, que también habían sido niños en su día y sabían de qué iba el tema. Y otros más mayores campaban a sus anchas con sus abultados paquetes de cromos en las manos.

Y cuando ya habías acabado la colección los podías vender, cambiar por otra cosa o incluso regalarlos a los amigos.

Y si el regateo o el cambalache no era lo tuyo o ya estabas hasta las narices de llevar semanas a dos cromos de acabar, siempre podías acudir a los puestos del mercadillo. Allí tenían prácticamente todos los cromos marcados cada uno a su precio… un céntimo, cinco céntimos, ¡dos pesetas!

Y es que los tíos sabían la frecuencia de aparición de cada uno de ellos y marcaban los precios en consecuencia. Los pagabas caros, pero si solamente eran dos igual te lo podías permitir.

¿Y de qué eran las colecciones de cromos?

álbum

Puf, pues de todo. Las de futbolistas eran un clásico, pero había de coches, de uniformes militares, de banderas del mundo, de naturaleza, de animales, de actores y actrices, de cantantes… y de cosas de la tele. Lo de las series televisivas o de dibujos animados era otro filón.

álbum de cromos

álbum de cromos

cromos

Homo nostalgicus recuerda haber enganchado los cromos al álbum con una mezcla de harina y agua, pero después los enganchábamos con goma arábiga, con cola blanca, con pegamento tipo imedio… y luego fueron autoadhesivos. Toda una evolución.

www.nostalgika.es

 

 

¿Qué recuerdas?
¿Solías acabar las colecciones o no las completabas nunca?
¿Cuál recuerdas con más cariño? ¿Por qué?
¿Tiene alguna anécdota sobre el cambio de cromos?

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