La carta de ajuste

El 28 de octubre de 1956, TVE comenzaba sus emisiones. Y lo primero que se emitió fue la Carta de ajuste.

La Carta de ajuste era la primera en salir una hora antes de empezar las transmisiones, y servía para eso precisamente, para ajustar el contraste, brillo y sonido del televisor y poder gozar de una buena emisión en blanco y negro.

Además de cumplir con esa función técnica, durante más de cincuenta años sirvió de relleno para cubrir el hueco que dejaba el fin de la emisión, algo conocido como «despedida y cierre».

Así es, cuando se acababa la peli, la programación terminaba y una agradable voz de locutor/a se despedía de la audiencia deseando unas buenas noches, mientras se mostraba la programación del día siguiente. Himno nacional, fotos de la Familia Real, bandera ondeando y unos segundos de nieve (que era como se llamaba comúnmente a las interferencias del monitor, como las de la tele de la niña de Poltergeist) para dar paso a la Carta de ajuste que, con su persistente pitido, te invitaba a apagar el receptor.

¿Alguien puede echar de menos eso?

¡Sí! ¡Yo lo echo de menos! ¡Homo nostalgicus lo echa de menos!

Porque, ahora, ¿cuándo sé que me he de ir a la cama? ¿eh? Ahora la emisión no acaba nunca y en ningún canal. Ya sé que ponen basura… horóscopos, teletiendas, concursos telefónicos para bobos, la enésima repetición de una serie de éxito… pero… me tienta el saber si los astros me sonríen y ver el cuchillo de Bill, que tiene un filo que corta desde un tomate pocho hasta un tornillo del siete sin que el filo se resienta (y ahora 2 por el precio de uno), y el abdominator mega plus que te adelgaza nada más comprarlo (el peso de los billetes en la cartera) y te deja los abdominales como el morenazo o la rubia cañón del anuncio… ¡BLANCO! ¡Es BLANCO! El caballo blanco de Santiago es BLANCO. B L A N C O. ¡Es BLANCO! ¿Pero es que nadie va a llamar?… Sí, ya sé que he visto este episodio más de siete veces, pero es tan bueno… Un día dejarán de ponerlo y sentiré nostalgia…

Pues eso, que se echa de menos ese fin que suponía la Carta de ajuste y ese penetrante y molesto pitido que te decía: «Anda, apaga de una vez el televisor y vete a dormir, cansino, o si no te voy a estar dando la lata toda la noche».

 

Y en este momento acaba el texto de esta entrada. Que tengan buenos sueños y ¡hala! hasta mañana.

PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

www.nostalgika.es

 

 

Extras:

emisión en pruebas

 

¿Qué recuerdas?
¿Qué preferías, el pitido de la carta o el siseo de la nieve?
¿Encuentras a faltar el punto y final?
¿Cuántas Cartas de ajuste diferentes llegaste a conocer?

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