La burbuja

flotador burbuja

Sí señor, ¿quién no recuerda este invento para mantener a los niños a flote?

Existían varias posibilidades. Recordemos.

El flotador circular de toda la vida. De goma, caucho o plástico, de forma fija o para inflar a costa de los pulmones de papá. Si era pequeño te apretaba, si era muy grande, a la que levantabas los brazos te hundías. Si una ola te volcaba y te dejaba con los pies para arriba, ya podías empezar a rezar.

También estaban los manguitps. Una pareja de pequeños flotadores que te colocabas en los brazos. Aquí no había peligro de volcado, pero te iban rozando todo el rato el sobaco y te los quitabas a cada momento. Luego había que volver a ponerlos y no corrían bien. Además te arañabas con la junta de plástico al ponerlos y sacarlos. Y era muy difícil ponerlos, porque si los inflaban poco se salían con cualquier movimiento y si los inflaban mucho parecía que te estaban tomando la tensión y costaba un huevo ponerlos.

Claro que la mayoría de la gente los colocaba incorrectamente. ¿Qué cómo es eso? A ver, recuerda, ¿cómo te los ponían? Primero los inflaban y luego te los ponían. Estirando y apretando y retorciéndote el brazo hasta que los colocaban en su sitio. Cuando la forma correcta era ponerlos fácilmente en su posición completamente desinflados y una vez allí llenarlos de aire hasta alcanzar el volumen óptimo.

… ¿papá? ¡papá! ¡pero qué tonto! ¡que eres mu tonto! ¡tú, tu cuñao, y el de más allá …

Y luego estaba la burbuja, que triunfó en los 80. Un considerable pedazo de corcho de color rosa que se ataba a la espalda con una correa y se sujetaba con un cierre de esos de mochila o similar alrededor del pecho. Como la botella de oxígeno de un buzo.

En realidad la burbuja no era de corcho sino de poliestireno expandido, pero para el caso es lo mismo.

Con aquello gozabas de libertad. Tenías las manos libres y no ocupadas sujetando el flotador y no te rozaba en la sobaquera. Era perfecto en el agua, a no ser, claro, que se soltara el cierre. Entonces la burbuja seguía flotando y el niño se iba a pique. Entonces la burbuja pasaba a ser una boya que te indicaba dónde se había sumergido la criatura.

A la que salías del agua a la arena y corrías un poco, la burbuja se deslizaba hacia abajo. A la cintura, cadera y… pies. Pero no importaba. Los críos no necesitaban abrocharla y desabrocharla. Metían los pies en el espacio y se la subían como el que se sube unos pantalones. Era cómodo, sí.

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¿Qué recuerdas?
¿Que tipo de flotador usabas?
¿Cuál era tu preferido?
¿Tuviste burbuja?
¿Tienes alguna historia para comentar sobre tu burbuja? ¿Te hizo tragar mucha agua?

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