El practicante

El practicante y su jeringuilla.

El practicante o la practicante. Ese ser que, cuando entraba en una casa, todos los niños desparecían como por arte de magia.

—¿Y el niño? ¿Dónde se ha metido la niña?

Vete tú a saber. Debajo de la cama, en el armario… en cualquier hueco en el que sentirse a salvo.

¡Qué berrinches! ¡Qué pataletas! ¡Qué lloros! ¡Qué mal se pasaba!

Y es que… éramos niños, pero no tontos. Y sabíamos que la presencia de tan abyecto ser significaba que debíamos bajarnos los pantalones o subirnos las faldas, dejar nuestras sonrosadas nalgas al aire, aguantar unos interminables momentos entre lloros o sollozos mientras el susodicho o la susodicha manipulaba su instrumental y recibir un doloroso pinchazo. ¡Pero no sólo el pinchazo! ¡El dolor agudo y continuado mientras se introducía el líquido o los polvos disueltos o lo que narices fuera!

Sopla, sopla —te decían. Y tú, hala, a soplar, como un gili. Como si sirviera para algo.

Luego un poquito de algodón con alcohol y la consabida frase.

—¿Ves como no ha sido para tanto?

(Hijo de la gran… Cuando sea mayor te borraré esa sonrisa estúpida de la cara)

Pero, con el paso de los años los practicantes a domicilio y los que mantenían consulta fueron desapareciendo. Los ATS se encargaron de poner las inyecciones pero ya en clínicas o centros de salud.

Y aquellas jeringuillas reutilizables, que obligaban al practicante a hervir con alcohol tanto la jeringuilla como la aguja para esterilizarlas, utilizando para ello el propio estuche de metal, dejaron paso a las jeringuillas desechables, reduciendo considerablemente los momentos de angustia previos.

Y además, actualmente, los pinchazos se reservan para algún análisis, las vacunas o en algunos casos determinados, pero no es la norma.

Y es que las ciencias adelantan que es una barbaridad, que decía aquél.

¿Nostalgia? De la niñez sí, del practicante no.

www.nostalgika.es

 

 

¿Qué recuerdas?
¿Dónde te escondías? ¿O es que te quedabas paralizado de miedo?
¿Te daban algún premio al acabar? ¿Un caramelo o algo por el estilo?
¿Qué te daba más miedo, el practicante o la oscuridad? ¿O los payasos?
¿Cuáles te dolían más? ¿Te pinchaban hierro? ¿Penicilina?
Tu practicante era ¿hombre, mujer, troll?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *