Cinco minutos más

durmiendo

¡Que sí! Que todos lo hemos dicho. Cinco minutos más, cinco minutos más… por favor.

Cuando venían a despertarte y querías hacerte el remolón en la cama, te arrebujabas con las sábanas y decías eso de… cinco minutos más… por favor.

Si había suerte, te los concedían. ¡Y eran los cinco mejores minutos que un niño podía disfrutar en todo el día!

Pero si no podía ser, pues… no podía ser. Pero aun así intentábamos arañar unos segundos. ¿Qué hora es? -preguntábamos. E inevitablemente nos respondían cualquier hora tardía. ¡Se la inventaban! A ver si pegabas un salto de la cama. O a lo mejor es que ya no la sabían a base de cinco minutos y cinco minutos y cinco minutos más.

Y es que la pre-adolescencia y la adolescencia son épocas en las que se duerme mucho. Por el crecimiento y eso. Y esos sábados en la cama hasta las doce o más, a base de cinco y cinco y cinco minutos más, son ciertamente un grato recuerdo.

Es más. Un nostálgico recuerdo, porque con los años cada vez se duerme menos y se madruga más y los cinco minutos esos te la traen al pairo. Y si no lo creéis preguntarle a Homo nostalgicus, que prácticamente no duerme, el tío momia.

www.nostalgika.es

¿Qué recuerdas?
¿Te solían conceder los cinco minutos? ¿siempre? ¿en ocasiones?
¿Tu madre también se inventaba lo hora?
¿Eras de los que pedía media hora directamente?

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