Baratijas con confites

Bueno, son confites, pero también les llamábamos bolitas de anís o anisetes. Y el quiosquero nos entendía perfectamente. Y si no le decías ‘deme esto’ y ya está, que tampoco hay que complicarse la visa.

Y eran unos recipientes de plástico de formas diversas con confites en el interior. Habían botijos, sonajeros, sifones, cazuelas, lupas, herramientas, muñecos…. Te comías los anises y aún te quedaba el recipiente para jugar con él. Un dos por uno.

anises

Lo de comer se dice fácil porque el proceso no estaba optimizado. Me explico: si los ibas echando en la mano para luego pasarlos a la boca, rara era la vez que no perdías algunos rodando por el suelo, y si te llevabas la baratija a la boca, rara era la vez que no ensalivabas el orificio de salida y se acababa formando un pegote de anises con la humedad. Lo que no dejaba que salera el resto.

Eso sí, eran dulces, dulces.

Como el taponcito que llevaban no era nada del otro mundo, se salía con facilidad. Así que lo mejor era comérselos de golpe, pero eso era algo muy poco frecuente. Lo normal era ir consumiendo poco a poco la golosina y el peligro de perder parte del contenido estaba siempre presente. Además, cuanto más durase más posibilidades había de que te pidiesen.

Respecto al taponcito Homo nostalgicus recuerda una vez que le agitaban una baratija de esas en todos sus morros acompañando de un soniquete, algo como ‘mira lo que tengo, es mío, no te voy a dar, ña, ña, ña, ña’ y se salió el tapón y tras él la mayoría de confites del interior. Jo, qué risas.

Y luego te quedaba el juguete, al que prestabas un poco de atención y nada más. Aunque, bueno, algunos los coleccionaban o los usaban como accesorios para muñecas, juegos de cocina…

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¿Qué recuerdas?
¿Te gustaban estos confites?
¿También se te formaba un pegote en el interior?
¿Recuerdas algún recipiente de forma inusual?

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